El sector asegurador frente a sus retos y oportunidades


La parte más dura de la reciente crisis parece haber pasado y este es un momento propicio para hacer balance. La situación del sector y el entorno general invita a replantear una estrategia diferente a la actual. ¿Las razones? La todavía limitada madurez del mercado en España, el claro reclamo de productos innovadores y la necesidad de subirse a la revolución tecnológica.
España sigue a la zaga en comparación a la media europea en cuanto a madurez aseguradora según los datos más recientes. El nivel de aseguramiento del país está más de un 50% por debajo del que podría considerarse necesario y beneficioso para la sociedad.
Por otra parte, el entorno de bajos tipos de interés y la caída en la renta disponible de las familias hace necesaria una redefinición de la oferta de productos de ahorro. Todo esto junto con el aumento de la siniestralidad en algunos ramos no vida, el nacimiento de nuevas soluciones aseguradoras mucho más eficientes que las tradicionales, está estrechando los márgenes y por tanto exigiendo una altísima cualificación y profesionalidad en el ejercicio de la actividad aseguradora.
A todo esto se suman otros grandes retos como el desafío de los desarrollos tecnológicos y la reciente entrada en vigor de la normativa de Solvencia II. El alto nivel de capitalización que parece tener el sector a pesar de los nuevos requerimientos, no debería ser una práctica generalizada en las entidades. Para remunerar adecuadamente el capital del sector se hace necesario ajustar el capital a niveles prudentes pero razonables a largo plazo.
Por todo esto parece claro que es hora de rediseñar un nuevo equilibrio buscando atender las demandas de la sociedad de forma diligente y honesta, los rendimientos ?justos? del capital, respondiendo de forma práctica a una regulación tremendamente exigente. En busca de este nuevo equilibrio el camino puede plantearse a través de cuatro carriles: eficiencia, innovación, transformación digital y educación.
El punto neurálgico del que partimos es la economía de las aseguradoras, que deben llegar a generar más con menos. Y ello se consigue con eficiencia. Además del aprovechamiento de la tecnología disponible, se dibuja fundamental el contar con personal altamente cualificado, que sepa resolver los problemas de forma ágil, pragmática y satisfactoria. Es la mejor manera de mantener a flote la nave, al tiempo que sostiene más peso volviéndose, incluso más aerodinámica.
Innovación es la palabra que puede brindar más luz al futuro más y menos cercano. Innovar en productos más acordes a las necesidades de la sociedad actual, que todavía adolece de falta de empleo seguro y por ende de ingresos seguros a largo plazo. Es prioritario formular productos que se adecúen a la economía de muchas familias y su ritmo de vida actual. Hay actividades puntuales que podrían pasar a convertirse en el objetivo de algunas ofertas interesantes según la capacidad de pago, o nuevas modalidades de seguros de vida adaptadas a las prioridades de los jóvenes menores de 35 años.
La transformación digital marcará la diferencia ahora y en el futuro, porque las aseguradoras que lo hagan primero ganarán en atractivo para los clientes más jóvenes -nativos digitales-, que esperan un tipo de atención y de productos a los que llegar por vía digital, y que no están dispuestos a invertir parte de su tiempo en una oficina para contratar una póliza. Poner al alcance de este público la posibilidad de realizar gran parte del proceso de contratación de un seguro haciendo algunos click, es una ventaja muy apetecible. Además, la digitalización incluye la generación y el uso del Big Data, lo que colocará a las aseguradoras en posición de adelantarse a las necesidades de los clientes y personalizar sus ofertas. Por su naturaleza, el Big Data alimenta la capacidad de innovar allí donde se emplea, de modo que las aseguradoras lo necesitan para expandirse.
Por último, una tarea constante es la educación de los ciudadanos en el tema de responsabilidad para asumir la necesidad de adquirir una póliza, especialmente entre los más jóvenes, quienes son actualmente considerados difíciles de atraer con seguros de cuantías importantes, como es la póliza de vida.
Como todo en la historia individual o colectiva, los grandes retos dan lugar a logros a veces impensados. Como la invención de la bombilla eléctrica, gracias a la oscuridad. El sector está en un momento único para que las aseguradoras definan su estrategia y reinventen en muchos casos su modelo de negocio a largo plazo y para que los reguladores sean también capaces de responder con agilidad y simplicidad a esta revolución.



Datos del autor


Ana Pérez

Ana cuenta con más de 20 años de experiencia en multinacionales del sector asegurador de Vida, en áreas financiero-actuariales. Destaca su carrera en la compañía británica Aviva, donde ocupó desde 2008 el puesto de “Chief Actuary” del Grupo en España. Ha intervenido como representante actuarial en operaciones de M&A del sector asegurador y desarrollado diferentes proyectos de valoración y medición de riesgos, así como importantes proyectos normativos (Solvencia II). Ponente en diferentes cursos y seminarios sobre “Embedded Value”, Capital Económico y Solvencia II. Interlocutor actuarial en Unespa (Miembro del grupo de trabajo de Solvencia II). Es Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, así como Actuario de Seguros por la UCM. Cuenta con formación de post-grado y es además miembro del Instituto de Actuarios Españoles.